Por Bautista Müller

A lo largo de las últimas semanas hemos visto una gran cantidad de noticias las cuales golpean fuertemente la imagen de todo el gobierno nacional e inclusive del propio espacio conocido como La Libertad Avanza. Si bien el principal de estos eventos ha sido la explosión del presunto caso de corrupción de Manuel Adorni, el cual, a pesar de no estar aún definido, se encuentra en un estado prácticamente irreversible para la imagen del vocero presidencial, esta no es la única noticia que ha azotado al oficialismo. Es cierto que podrían hacerse múltiples artículos referidos a las diversas problemáticas, considero que hay un tópico el cual no se ha tocado en demasía por parte de los medios de comunicación y que es sumamente importante de mencionar.

Con esto me estoy refiriendo esencialmente al funcionamiento que ha tenido el gobierno respecto a lo que podríamos denominar una línea oficialista. Y es que, si bien es cierto que La Libertad Avanza no cuenta con algún medio tradicional que le sea totalmente afín, esto no le ha hecho falta para implantar un mandato de carácter cuasi doctrinal y sumamente perjudicial, no simplemente para su funcionamiento, sino además para la concepción que podría llegar a tener el público general sobre el liberalismo.
La figura incuestionable

Como primer punto debemos recordar los dichos de funcionarios del gobierno o individuos muy cercanos a este, los cuales han dicho que la figura del presidente Javier Milei es incuestionable. Caso así es el de Iñaki Gutiérrez, por ejemplo.


Esto de por sí resulta preocupante, pues se alinea en gran medida con el personalismo característico de gobiernos populistas. En la propia Argentina hemos visto ya varios ejemplos de tal comportamiento, pudiendo remontarnos inclusive al Buenos Aires de Rosas en la época de la Confederación Argentina, previa al derrocamiento del gobernador por parte de Justo José de Urquiza. Luego tenemos un gran exponente como lo fue Juan Domingo Perón durante sus primeros dos mandatos, esencialmente, y más recientemente la figura de Cristina Fernández de Kirchner como heredera del trono peronista.


La retórica y sus posibles efectos


De por sí estos dichos son preocupantes; sin embargo, de ser simplemente parte del discurso individual y personal de funcionarios e individuos cercanos al gobierno, no representarían ninguna preocupación. No obstante, el presidente, con su comportamiento, nos ha demostrado que lejos está esto de ser así. Aquí podremos encontrar dos muy grandes demostraciones de esto que estoy declarando.

Por un lado, encontraremos la separación y ataque que sufren, por parte de la figura del presidente, todos aquellos que en algún momento, habiendo sido cercanos, llegaron a cuestionarlo de forma pública. Encontramos aquí como ejemplo el de Domingo Felipe Cavallo, quien pasó de ser para el presidente el mejor ministro de Economía de la historia argentina a un fracasado.
Mientras tanto, el otro gran brazo que podríamos desprender de esta conformación de una línea oficial es la clara preferencia que tiene el presidente por encontrarse en medios no tradicionales donde no se plantea el mínimo cuestionamiento hacia las acciones del
gobierno. Claro caso es el de las constantes visitas del mandatario al streaming llamado Carajo.

Esta idea de una línea oficial se ve caracterizada, a su vez, y demostrada por el propio discurso llevado a cabo por el presidente. Pues nos estamos refiriendo a una retórica absolutamente divisoria y combativa, como lo es el hecho de decir que aquel que cuestiona al gobierno es porque está en su contra.
También podríamos mencionar el hecho de defenderse de las críticas argumentando que, si el Gobierno no tiene el poder, entonces lo tiene la izquierda, funcionando esta como el enemigo clásico que implementan los populismos: en Rosas eran los unitarios, con Perón los oligarcas, con el kirchnerismo el campo, para Chávez era el imperialismo de los Estados Unidos y para el presidente es la izquierda.

De esta manera se busca constituir una línea fanática la cual, si no vota por el lado de la convicción, lo haga por el lado del miedo.

No obstante, aquí en la Argentina el resultado de tal posición podría llegar a resultar extremadamente peligroso dado el estado actual del electorado. Ya desde hace cuanto menos 80 años existe un bloque duro muy grande de la población alineado de forma rígida e inflexible con el movimiento peronista. Ahora deberíamos cuestionarnos qué sucedería si llega a pasar lo mismo, pero ahora con el bloque de La Libertad Avanza.

En tal caso nos encontraríamos en una situación electoral similar a la de los Estados Unidos, donde en la práctica existe un bipartidismo y en la cual el resto de partidos no tienen oportunidad real de competir si no es alineándose con alguno de los dos grandes exponentes del sistema democrático. No obstante, en el país de las barras y las estrellas, al encontrarse las diferencias esencialmente en el ámbito social y ser bastante más escasas en lo que respecta a la administración pública, además de encontrarse una economía mucho más desarrollada, tal fenómeno no resulta tan perjudicial más allá de la evidente falta de representación de ideas. No obstante, en la Argentina, con una economía sumamente menos desarrollada y unos espacios políticos los cuales no simplemente difieren muchísimo en el aspecto social, sino que lo hacen inclusive más en el administrativo, entonces los resultados podrían llegar a ser caóticos.

¿Dónde quedó eso de “no somos manada”?

Otra cuestión que deberíamos recordar es que, antes de llegar a la Casa Rosada, Javier Milei mismo decía cosas como “los liberales no somos manada, pues no pensamos todos igual”. Además, el año pasado, cuando la Fundación Caminos de la Libertad le entregó el premio “Una vida por la libertad” a Alberto Benegas Lynch hijo, este comunicó en sus palabras que los liberales están completamente en contra de una línea oficial.
Y es que ahora, teniendo en cuenta que el señor Benegas Lynch ha sido múltiples veces elogiado por el presidente, no deberíamos pensar que este está siendo sumamente contradictorio, no simplemente con sus propios dichos, sino con su pensamiento, que tanto dice defender.
A modo de cierre quisiera simplemente decir que, como liberal, me resulta sumamente doloroso este tipo de comportamiento. Y es que, si bien concuerdo en la gran mayoría de cosas que realiza el gobierno en el ámbito económico, sus decisiones en cuanto a su política discursiva y en otros asuntos, como lo son las decisiones tomadas referidas al caso de Manuel Adorni, encuentro muchas discrepancias.

Lo que debe comprender el gobierno

Creo que es esencial para el gobierno comprender dos cosas. En primer lugar, que debe volver a su idea original, según la cual los liberales no somos manada y nos oponemos a una línea oficial, no simplemente para dejar de ser cuestionado y puesto en tela de juicio como populista, sino además para representar apropiadamente a una ideología tan amplia y extensa como lo es la liberal. Y, en segundo lugar, creo que es inclusive más importante que se comprenda que la lealtad en humanos no se mide igual que con los cánidos. Y es que la persona más leal no es aquella que obedece sin cuestionamiento; es la que, viendo errores o considerando fallas, desde el aprecio busca aconsejar, pero cuando los egos se imponen, en ese caso el consejo resulta imposible.