Por Horacio Marcelo Velazque Pens*

Un símbolo secuestrado

El arco iris, símbolo ancestral de diversidad, armonía y esperanza, ha sido secuestrado por una progresía que se autoproclama plural, pero que en realidad impone un pensamiento único, dogmático y autoritario. Bajo sus múltiples máscaras —gremialismo, activismo cultural, militancia estudiantil— se esconde una maquinaria ideológica que no defiende la libertad, sino que la condiciona a sus propios ritos y credos.

Arco iris por fuera, monocromáticos por dentro

Quienes se presentan como defensores de la inclusión y los derechos humanos son, muchas veces, los mismos que justifican y celebran dictaduras como las de Cuba, Venezuela o Nicaragua. Canonizan figuras como el Che Guevara, Fidel Castro y Hugo Chávez, convertidos en santos de un santoral revolucionario que exige obediencia ciega y fe militante.

Estos íconos no representan la pluralidad, sino el patriarcado mesiánico de la izquierda autoritaria. Mientras se proclaman liberados del capitalismo, usufructúan sus beneficios a través de cajas sindicales, recursos públicos y estructuras partidarias. Son empresas ideológicas disfrazadas de movimientos sociales.

Gremialismo como brazo político

El gremialismo, otrora herramienta de defensa laboral, ha devenido en muchos casos en un aparato político. Aunque se presentan como inclusivos y diversos, operan bajo estructuras verticales y cerradas, donde la disidencia no tiene lugar. Todo se reduce a obedecer la línea bajada.

Denuncian «dictaduras de mercado», pero callan ante genocidios como el del régimen camboyano. ¿Dónde está su empatía por los muertos de Pol Pot? ¿Dónde su indignación por los presos políticos en Caracas o La Habana?

El arco iris no les pertenece

La diversidad no es patrimonio exclusivo de una ideología. La verdadera pluralidad implica aceptar la diferencia, debatir con respeto y construir sin imponer.

Pero esta progresía arco iris no quiere diversidad: quiere hegemonía. Para ello, instrumentaliza símbolos, emociones y causas nobles como herramientas de manipulación cultural.

Es hora de desenmascarar a estos colaboradores del totalitarismo. De recuperar los colores del arco iris para una libertad auténtica, no para la servidumbre disfrazada de revolución.

*El autor es Profesor Superior en Ciencias Sociales y Profesor Universitario en Ciencias Jurídicas.