Por Bautista Müller Williman

Quizá uno de los actores políticos más resonados de la última década por parte del espectro kirchnerista es el afamado Juan Grabois, siendo conocido, entre otras cosas, por pronunciar en cada oportunidad que se le presenta su fe católica. Sin embargo, este individuo, quien parece querer dar señas de profeta, resulta en realidad muy contrario a los principios que podríamos plantear como cristianos. En el presente artículo trataré de explicar el porqué de mis dichos, ya que considero que lejos están de ser infundados. Desde ya advierto dada la brevedad del artículo y ser esencialmente una opinión no ahondaré en argumentos profundos o citas extensas hacia las causas que giran en torno a nuestro protagonista, esto sobre todo teneduría en cuenta la facilidad de encontrar estas últimas y el conocimiento popular de las mismas.

Lo primero que quiero explicar es un hecho esencial que se debe tener en cuenta, y es que Grabois en su momento fue uno de los grandes defensores del salario mínimo universal. Esto quiere decir que él proponía dotar a cada individuo de un determinado ingreso por parte del Estado a fin de que sea capaz de subsistir. Esto, por supuesto, alguien podría llegar a indicar que se acopla con los principios católicos, dado que fomenta la igualdad y la caridad desde el Estado para con los sectores más vulnerables, al garantizarles un mínimo estándar de vida. No obstante, esta afirmación es sumamente incorrecta, primero porque gran parte de los sectores de clases bajas no utilizan dicho dinero para subsistir, sino para otro tipo de cuestiones, como lo pueden ser el consumo de estupefacientes, tal y como puede observarse en barrios bajos o villas. Esto no por su posición económica, sino por una cuestión cultural sobre la cual volveremos más adelante.

Creo, a pesar de esto, que lo más importante a citar es un versículo de la Biblia presente en el Génesis, concretamente en el momento cuando Adán y Eva son expulsados del Edén. En Génesis 3, 19 podemos leer: «Ganarás el pan con el sudor de tu frente, hasta que vuelvas a la misma tierra de la cual fuiste sacado. Porque polvo eres y al polvo volverás». Es aquí donde podemos determinar muy claramente que el concepto de un ingreso universal, el cual a su vez es financiado por clases medias, clases bajas, clases altas o inclusive por los propios beneficiarios del mismo, dado el sistema tributario y su funcionamiento, es contradictorio con un principio decretado desde los inicios del texto sagrado de los cristianos. Pues la asistencia social bajo determinadas condiciones es compatible con la cristianas si, pero cuando nos movemos hacia situaciones universales como la propuesta por Grabois la situación cambia.

Otra cuestión a mencionar sobre el señor Juan Grabois es el hecho de los múltiples fondos fiduciarios que se han encontrado a su nombre, supuestamente destinados a la construcción de obras benéficas, las cuales nunca se terminaron, estando muchas de estas ni siquiera iniciadas, lo que nos lleva a preguntarnos a dónde depara tal dinero.

A estas causas se le deben agregar también los múltiples comedores que el actual diputado posee bajo un nombre que en muchos casos son imposibles de encontrar o acceder, dado que operan de forma fantasma. De este modo, debemos preguntarnos si genuinamente Grabois utiliza todo ese dinero para causas benéficas o si, por el contrario, busca enriquecerse del Estado y, por ende, de todos los contribuyentes.

Siendo este el caso, lo cual es lo más probable dada la evidencia que existe y que es fácilmente verificable por cualquier persona con una simple conexión a internet, entonces veríamos claramente que Grabois se encuentra lejos de ser un cristiano tan devoto como él profesa. Pues, dado que en Argentina la gran mayoría de la población posee valores cristianos, siendo la mayoría de estos católicos, al igual que el propio puntero político, cabe recordar además que la Constitución Nacional Argentina en su artículo número 2 dice de forma textual: “El Gobierno Federal sostiene el culto católico apostólico romano”. Por lo cual estaríamos hablando de que el aprovechamiento de los bienes públicos no simplemente es un robo de por sí a todos los contribuyentes, sino a su vez a aquellos que viven en una nación que sostiene el cristianismo y los propios valores de Grabois. Por lo cual se trata de una contradicción en sí misma por dos aspectos: por un lado en la práctica y por otro al afectar a la que supuestamente es su comunidad religiosa.

Además, como tercer punto debemos incluir uno de los dichos más recientes del señor Juan Grabois. Pues hace ya algunas semanas él mencionó que a Jesús también le habían puesto una tobillera, como a Cristina Kirchner, y que eso la acercaba más a él. Tal comparación resulta aberrante por el simple hecho de que, para los cristianos, la figura de Jesucristo es tanto Dios como hombre y, por ende, es incomparable con cualquier otro ser humano, sino que, desde bases teológicas, resulta imposible. No obstante, inclusive resulta inapropiado si nos movemos a términos metafóricos.

Para explicar por qué digo esto, quisiera dar un ejemplo. San Juan Pablo II fue el segundo papa con el pontificado más largo de toda la historia, únicamente superado por Pío IX. A su vez fue santificado, adorado por los creyentes y alguien que recorrió el mundo entero esparciendo la fe cristiana. Por supuesto, esta figura habrá tenido sus defectos, como todo ser humano los tiene dada nuestra propia naturaleza; sin embargo, no podemos negar que se acerca en gran medida a lo que la cristiandad profesa. No obstante, no existe —por lo menos en gran medida— quienes lo comparen con una figura de la proporción o talla del Mesías cristiano.

Es por esto que debemos preguntarnos qué es lo que tiene Cristina Kirchner que la acerca tanto a Jesús y que no tienen Juan Pablo II, Santo Tomás de Aquino, San Francisco de Asís o prácticamente cualquier otro santo, pero que sí posee la exmandataria condenada por corrupción, sospechada del asesinato del fiscal Nisman y enriquecida de forma súbita e imposible de respaldar bajo ninguna vía que sea legal.

Inclusive, si vamos a motivos económicos, la destrucción llevada a cabo por el modelo kirchnerista fue total. Pero además, en el aspecto cultural —aquel que genuinamente interesa a la cristiandad— fue aún peor. Quisiera primero arrojar una serie de datos: la caída de Argentina en las pruebas PISA desde los gobiernos kirchneristas ha sido abrupta, algo fácilmente comprobable mediante una búsqueda rápida en cualquier navegador. También debemos sumarle a esto la explosión de la industria del juicio laboral que ha habido, el incremento de villas, de la criminalidad, del consumo de drogas y de otras tantas cuestiones incompatibles con los valores católicos.

Pero es que, inclusive si esto no se viera de tal manera, no se puede negar que el fomento del aborto, del cambio de sexo en menores y del ataque sistemático hacia la Iglesia por parte de movimientos progresistas alineados con el kirchnerismo resulta incompatible con aquellos que defienden una cristiandad férrea.

A modo de cierre, quisiera expresar que considero que tenemos dos escenarios posibles. El primero es que Grabois, a pesar de creer en los valores cristianos, es tan inepto —además de corrupto y criminal— que es incapaz de defenderlos. El otro es que su supuesta fe simplemente sea una pantalla para simpatizar con determinados sectores religiosos mientras lleva a cabo prácticas tan malignas. Solo el tiempo dirá cuál de las dos alternativas es la correcta.

Mientras tanto, le recomiendo a este supuesto profeta que, si tan cristiano es, lea el Segundo ensayo sobre el gobierno civil de John Locke, el cual se encuentra completamente respaldado en bases cristianas, y vea si de esta manera logra evolucionar y comprender por qué el gobierno debe limitarse.