Por Bautista Müller Williman

En los últimos días se hizo conocida la noticia sobre el cierre de una empresa de neumáticos argentina que estuvo vigente durante una gran cantidad de años. Sin lugar a dudas, esta es una noticia que, a simple vista, puede llegar a estremecer. No obstante, una percepción demasiado negativista resultaría no solo errónea, sino fácilmente atribuible o bien a un análisis simplista y superficial, o bien a una deliberada malinterpretación llevada a cabo para perjudicar la imagen del gobierno oficialista.

Primero, debemos identificar el foco de la cuestión y qué es lo que se acusa. Con el cierre de FATE se acaban también 920 empleos en la Argentina. Hablamos de casi 1000 personas que deberán ingresar a un nuevo puesto de trabajo o, de lo contrario, contribuirán al aumento del desempleo. Evidentemente, esta es una noticia que suena preocupante; sin embargo, debemos analizar por qué se generó la quiebra de la empresa y no únicamente las consecuencias de la misma.

Si nos centramos en un análisis más profundo, veremos que FATE poseía pérdidas desde mucho antes de la asunción siquiera del presidente Javier Milei, a quien se está acribillando desde ciertos medios de comunicación. Tanto durante la gestión de Alberto Fernández como la de Mauricio Macri y la de Cristina Kirchner, esta empresa presentaba un déficit sustancial que, evidentemente, era insostenible.

La única razón por la cual la empresa no se vio en quiebra hace ya varios años no se debe a una supuesta eficiencia administrativa, sino a un monopolio artificial generado por la sobrerregulación estatal. Podrían mencionarse algunas regulaciones o cuestiones que contribuyeron a la formación de tal fenómeno, como por ejemplo los aranceles a los neumáticos extranjeros. Sin embargo, considero más efectivo señalar un hecho concreto y simple: Argentina posee precios en la industria de neumáticos mucho más elevados que los de cualquier competidor regional.

Tales precios pueden mantenerse dados los altos niveles de aranceles y requisitos necesarios para importar neumáticos y hacerlos competir contra la industria interna. Esto le permitió a FATE mantener precios elevados y, con ello, suplir su situación económica. No obstante, la situación llegó a un punto tal de insostenibilidad que la empresa terminó cerrando, como era de esperarse.

Sin embargo, los medios de comunicación tradicionales parecen ser ciegos ante estos hechos. Los titulares que utilizan no son del estilo “Cerró FATE tras años de déficit”, sino que están más alineados con formulaciones como “Javier Milei provoca el cierre de una empresa argentina histórica”. Resulta curioso que estos comunicadores, que utilizan la bandera del industrialismo, también recurran cotidianamente a ropa

importada, autos de fábricas internacionales u otros bienes de similar índole. Es llamativo el contraste entre su defensa acalorada de FATE y el uso habitual de productos producidos fuera del país.

Esencialmente, vemos este comportamiento por parte de algunos comunicadores ya sea por el mayor rédito en términos de audiencia que produce la crítica hacia el gobierno —mucho más simple que un análisis profundo— o por una oposición que poseen hacia el mismo, lo cual los vuelve ciegos a los datos, ya sea por voluntad o por ineptitud. Un ejemplo de ello es Marcelo Longobardi, quien parece incrédulo ante toda manifestación de un factible logro del gobierno sin demostrar pruebas más allá de afirmar “yo no lo veo” o “la gente no lo ve”. Este mismo comportamiento se observa cuando se presenta una situación fácilmente negativa y atribuible al gobierno.

Ante esta situación, la ciudadanía debe preguntarse seriamente si los medios de comunicación le representan verdaderamente un acercamiento a la verdad o si, por el contrario, le resultan problemáticos. Actualmente, con la aparición de nuevos medios de comunicación, es mucho más sencillo informarse y obtener datos de diversas fuentes sin necesidad de privilegiar una sobre otra. Este es también un consejo para aquellos comunicadores que buscan desinformar en favor de un beneficio personal: mejoren la calidad de aquello que transmiten y asegúrense de que sea correcto y certero, pues, si la sociedad advierte masivamente su falta de rigor, podrían encontrarse en una situación difícil de revertir.