Por Mäuss

La visita del ministro del Interior Diego Santilli a Entre Ríos dejó una definición política clara y sin rodeos. El gobernador Rogelio Frigerio confirmó el respaldo pleno de la provincia a los proyectos de reforma laboral impulsados por el Gobierno Nacional y volvió a marcar distancia del modelo que durante años naturalizó la informalidad, el empleo precario y el estancamiento productivo.

El encuentro sirvió para repasar una agenda amplia que combinó temas provinciales pendientes, cuestiones fiscales y desafíos estructurales del país. Pero el eje central fue el trabajo. O mejor dicho, la ausencia histórica de trabajo formal en la Argentina. Un problema que atraviesa gobiernos, pero que en los últimos años se profundizó hasta volverse estructural.

Frigerio destacó la necesidad de acompañar las reformas que buscan modernizar el sistema laboral, entendiendo que sin reglas claras, sin previsibilidad y sin equilibrio fiscal no hay inversión posible ni generación genuina de empleo. Desde esa lógica, Entre Ríos se posiciona como una provincia alineada con una agenda de orden, responsabilidad y crecimiento, en sintonía con el rumbo nacional.

Santilli, por su parte, subrayó que el presidente Javier Milei valora especialmente a Frigerio como uno de los gobernadores que recibió una provincia en una situación crítica y decidió enfrentar los problemas en lugar de administrarlos. El equilibrio fiscal, la baja de impuestos y la decisión de auditar estructuras históricamente intocables aparecen como puntos de coincidencia entre Nación y Provincia.

Durante la visita también se avanzó en temas clave como la auditoría de la Caja Jubilatoria entrerriana, cuyos resultados estarán listos en mayo y permitirán readecuar los fondos que la provincia recibe mensualmente. A eso se suma el seguimiento de la concesión de la Ruta 14, una obra estratégica para la conectividad, la producción y el desarrollo regional.

Pero el trasfondo del debate volvió una y otra vez al mismo punto. La Argentina no genera empleo privado formal neto desde hace más de quince años. De los veintitrés millones de personas en edad de trabajar, apenas seis millones tienen empleo privado registrado y tres millones trabajan en el Estado. El resto sobrevive en la informalidad total, sin derechos básicos, sin cobertura de salud, sin vacaciones ni aguinaldo.

La reforma laboral que impulsa el Gobierno apunta precisamente a ese universo invisibilizado. No a quitar derechos a quienes ya los tienen, sino a extenderlos a quienes hoy están fuera del sistema. Un cambio de enfoque que rompe con décadas de discursos que decían defender al trabajador mientras lo condenaban a la marginalidad.

Santilli se mostró optimista respecto al tratamiento legislativo de la reforma y señaló que percibe un clima mayoritariamente reformista en el Congreso. El objetivo es avanzar en febrero y comenzar a sentar las bases de un nuevo esquema laboral que incentive la formalidad, la inversión y el crecimiento sostenido.

En un país acostumbrado a parches y soluciones temporales, la señal política que dejaron Frigerio y Santilli es contundente. Sin modernización laboral no hay empleo formal. Sin empleo formal no hay desarrollo. Y sin desarrollo no hay futuro posible para las provincias ni para la Nación.

Entre Ríos eligió pararse de ese lado de la historia. El lado incómodo para algunos, pero necesario para salir del estancamiento.