Por Mäuss

En Concordia conviven hoy dos datos que durante años parecían incompatibles pagar una deuda millonaria heredada y, al mismo tiempo, avanzar con el plan de inversión en infraestructura más grande de la historia de la ciudad. Esa es la foto incómoda para el viejo relato y el eje del rumbo que sostiene la gestión de Francisco Azcué.

A dos años de asumir, el municipio continúa haciéndose cargo de una deuda externa de más de cinco millones de dólares tomada por la administración anterior. Esta semana se abonó una nueva cuota por más de quinientos treinta mil dólares y todavía resta un saldo superior a los dos millones trescientos mil. No es un detalle técnico ni una cifra abstracta. Es una carga concreta que condiciona cualquier gestión y que durante años fue ocultada detrás de discursos épicos y excusas permanentes.

Sin embargo, lejos de usar la deuda como coartada para la inacción, el gobierno local tomó una decisión política clara ordenar, pagar y avanzar. Con una administración austera desde el primer día, el municipio logró algo que parecía imposible en Concordia invertir con fondos propios mientras cumple con compromisos financieros heredados.

Ese cambio de lógica es el corazón del proyecto. Gobernar bien no es declamar sensibilidad social mientras se vacían las arcas públicas. Gobernar bien es cuidar los recursos, priorizar el gasto y devolverle a los vecinos lo que pagan en impuestos en forma de obras, servicios y mejoras concretas en su vida cotidiana.

Mientras otros modelos apostaron durante años al endeudamiento irresponsable y al gasto sin control, la actual gestión eligió un camino menos ruidoso pero más eficaz pagar lo que se debe, ordenar el Estado y transformar ese orden en infraestructura. Calles, servicios básicos y obras que no se anuncian para la foto sino que quedan.

El contraste duele porque expone una verdad simple. El problema de Concordia nunca fue la falta de recursos sino cómo se administraron. Hoy, con menos relato y más números, el municipio demuestra que se puede cumplir, invertir y crecer al mismo tiempo cuando se gobierna con responsabilidad.

Pagar deudas no da votos. Ordenar el Estado no genera aplausos inmediatos. Pero construir un municipio que deje de vivir al día y empiece a pensar a largo plazo es la única forma de sacar a Concordia del estancamiento. Y eso es exactamente lo que hoy está en marcha.