Por Bautista Müller Williman
En el año 1845 Domingo Faustino Sarmiento publicó su obra más reconocida, “Facundo”. El segundo título de esta obra sería “Civilización y barbarie”. Esto ya que aquí el sanjuanino explicaría una tesis que sería central para entender las políticas de su futuro gobierno.
La principal idea de esta obra era ser una crítica hacia lo que Sarmiento denominaba barbarie. Para él la idiosincrasia rural de Argentina era un obstáculo al progreso. Destacando como puntos especialmente negativos el caudillismo, la falta de educación formal, el arraigamiento excesivo de las tradiciones, entre otros.
El antónimo de la barbarie sería la civilización. Caracterizada por la educación formal, la ilustración y los modelos europeos. Siendo la piedra angular de la civilización el hecho de que se desenvuelve en entornos urbanos.
Sin embargo los recientes eventos ocurridos en nuestra ciudad nos hacen cuestionarnos si realmente avanzamos desde que Sarmiento hizo su crítica. Pues mientras más ahondamos en la cuestión más evidente se vuelve el elefante en la habitación. Considero que la ciudad de Concordia se encuentra lejos de ser civilizada. Y su barbarie no es la cuestionada por el padre de la educación, si no una más refinada.
Procederé a detallar:
En la ciudad de Concordia, es cierto, existe una educación formal obligatoria, como ocurre en todo el territorio Argentino. A su vez estamos hablando de una ciudad ciertamente importante a nivel provincial y que posee grandes recursos verdaderamente envidiables. Inclusive hablamos de una continuidad política en el poder ejecutivo tan duradera como la democracia Argentina.
Todos estos puntos harían pensar que Concordia debería encontrarse en una situación ideal. Habiendo erradicado definitivamente a la barbarie de su población y siendo un ejemplo de civilización. Pero los eventos de los últimos días nos muestran lo contrario.
Lo primero que salta la vista son las afamadas medidas de fuerza tomadas por los grupos gremiales tras la no renovación de 130 contratos municipales. Hablamos de que la decisión de los sindicatos fue tomada por una medida del gobierno completamente prevista por la ley. No solamente esto, nos estamos refiriendo a una acción que fue advertida durante la campaña política del intendente Francisco Azcué. Por lo cual salta a la vista lo irracional de semejante posición.
La respuesta de por qué un sindicato tomaría esta postura es una simple y conocida por todos, política. No es secreto para nadie que en la Argentina los gremios están fuertemente arraigados a una identidad partidaria que todos conocemos. Tampoco es algo oculto que dicho signo político ha gobernado durante los últimos 40 años la ciudad. Representando el gobierno actual del municipio una ruptura de esa realidad.
Y es aquí donde aparece el primer aspecto de la nueva barbarie. Un caudillismo que no se basa en el control o propiedad de tierras. Mucho menos en el comando de tropas. Sino que hablamos de un modelo que busca tomar a los agentes sociales como simples herramientas políticas. Pues hoy en Concordia quien ocupa el rol de Caudillo es el justicialismo de la ciudad. Cuya máxima representación está en la familia Cresto.
Otro punto a mencionar es el caso de la concejal Claudia Villalba. Quién durante el ingreso del intendente al maratón de Reyes se acercó a él, cámara en mano, para atosigarlo y agredirlo verbalmente. Denunciando que, según la concejal, al intendente no le interesan los trabajadores o los ciudadanos. A lo cual el presidente del municipio respondió alegando que a quienes genuinamente no les interesan los concordienses son los pertenecientes al espacio al que la concejal pertenece.
Tras esto Villalba emitió una denuncia por agresión verbal contra Francisco Azcué. Acto que no simplemente es descabellado dado a que la agresión fue iniciada por la demandante, sino que lo es más dada la existencia de quienes alegan veracidad en los dichos de la misma. Resultando algo ilógico. Más si tenemos en cuenta que las grabaciones del evento son públicas.
Este es otro punto de la nueva barbarie, el fanatismo ideológico. Y es que los caudillos modernos no necesitan de recursos económicos propios para controlar a su población. Esto lo logran llegando al poder, vaciando las arcas públicas, y convenciendo a una población para que se fanatice con sus ideas y los defienda a capa y espada. Por más imposible e incoherente que sea.
Esto se ve reforzado con una destrucción educativa sin precedentes. Hoy en día en la ciudad de Concordia la educación pública no solo es paupérrima, sino que ha sido fuertemente ideologizada. Contribuyendo a crear una población que no se encuentra preparada para enfrentarse a un mercado laboral competitivo. Volviéndose dependiente del estado. A lo cual debemos sumar la carga ideológica que fomenta el fanatismo.
Y como último punto a mencionar de la nueva barbarie hablamos de un nuevo tradicionalismo. No aquel que ponderaba las costumbres gauchescas, sino uno que alaba la irresponsabilidad fiscal y administrativa. Algo propio de la reciente historia de Concordia.
Quedando así constituida una nueva barbarie. Conformada por un caudillismo partidario, una educación destruida e ideologizada, un fanatismo arraigado a la población, y un tradicionalismo político.
A modo de conclusión quisiera dejar de manifiesto todo mi apoyo al actual gobierno municipal. Agregar también que la solución a la barbarie no se logrará sin el escamiento a los alborotadores. No hablamos de violencia política, sino de hacer cumplir la ley. Es necesario demostrar que el debate puede existir, pero en condiciones pacíficas. La ruptura del marco legal debe tener una consecuencia y dar un paso atrás no es respuesta acorde a las necesidades de la ciudad.
Sepa el presidente municipal que quienes lo votaron lo hicieron para que mantenga este rumbo. Nos encontramos frente a una oportunidad única para acabar con la hegemonía justicialista. Pero la única forma de conseguirlo es aumentando la marcha.
Hoy Concordia se encuentra mucho mejor que durante los últimos días del gobierno crestista. Lo vemos evidenciado en cuentas públicas más sanas y ordenadas. Y en un jefe de municipio que se ha consagrado como signo de lucha contra la continuidad de la decadencia.
El señor intendente no debe dejarse intimidar ni por la dinastía de los Cresto, ni por sus esbirros. Son muchos los bárbaros en la ciudad, pero son más los que quieren dar un paso hacia la civilización. Todos esos individuos que buscan una nueva Concordia apoyan y veneran el valor y el coraje de Francisco Azcué y todo su equipo.
Necesitamos una nueva Concordia, una que crezca y sea hogar para los jóvenes de la ciudad. Una Concordia con futuro, que brinde empleo genuino para su población y no el yugo del estado. Los ladridos opositores son una simple señal de que el gobierno cabalga.


