Lo que hoy ocurre en Concordia no es un ajuste caprichoso ni una decisión fría del Ejecutivo municipal. Es la consecuencia directa de años de desmanejo, pactos corporativos y del uso político del municipio como agencia de empleo militante. Un esquema que se sostuvo durante décadas y que tuvo su expresión más cruda en el proceso electoral de 2023.
Ese año, dirigentes sindicales históricos del municipio, verdaderos dueños de estructuras gremiales convertidas en negocios personales, sellaron un pacto político con el poder saliente para sostener una candidatura que buscaba la continuidad del modelo. Los Avallone, es decir Santos Perkins y Pablo César Cachacha, referentes del Sindicato de Trabajadores y Empleados Municipales de Concordia, junto a Maximiliano Torres de la Unión de Empleados Municipales de Concordia, el gremio ATE y el gremio de Jerárquicos, acordaron con Enrique Cresto apoyar la candidatura de Armando Gay.
A ese entramado se sumaron concejales del peronismo local que hoy conforman el bloque opositor, quienes fueron parte activa de una estrategia conocida y repetida. Sumar gente a diestra y siniestra dentro del municipio, repartir contratos sin criterio, utilizar el empleo público para comprar voluntades, inflar padrones y arriar personas como ganado con la expectativa de torcer una elección. Esa maniobra fracasó porque la sociedad dijo basta. La gente no quiso más peronismo empobrecedor ni un municipio usado como botín electoral.
El acuerdo no fue simbólico ni discursivo. Tuvo consecuencias concretas y costosas para las cuentas públicas. A cambio de ese respaldo político, se otorgaron contratos que luego fueron utilizados para acomodar parientes y amigos, y se realizaron pases a planta de manera irregular. Solo en ese período se registraron casi 900 altas entre contratos nuevos y pases a planta, de las cuales al menos 230 se concretaron fuera de los mecanismos correspondientes. No fue un error administrativo ni una desprolijidad. Fue una decisión política tomada por dirigentes sindicales sinvergüenzas y avalada por un poder político que usó al municipio para sobrevivir electoralmente.
Estas prácticas no pueden analizarse de forma aislada. Forman parte de un modelo de gestión que durante más de 40 años, bajo hegemonía peronista y especialmente bajo el esquema político de los Cresto, fue vaciando de sentido al municipio y consolidando a Concordia como una de las ciudades más pobres del país. Una ciudad con recursos, potencial productivo y capital humano, pero atrapada en una lógica de clientelismo, empleo político y gasto improductivo.
El resultado es un municipio sobredimensionado, con un gasto en personal que asfixia cualquier posibilidad de desarrollo y deja cada vez menos margen para invertir donde realmente importa. Calles sin asfalto, barrios sin agua potable, zonas sin cloacas ni alumbrado público. Esa es la herencia concreta que hoy algunos sectores intentan ocultar detrás de discursos victimistas y presiones corporativas.
La actual gestión decidió cortar con esa lógica. Hoy estamos en un proceso de reducción de personal. No se trata de un ataque al trabajador municipal que cumple su función, sino de desarmar un sistema que convirtió al municipio en una caja política. Es una situación difícil, pero necesaria, y ahora hay que bancar esto.
El objetivo es claro y explícito. Bajar el gasto en personal para poder subir la inversión en obras de infraestructura y lograr que al menos el 35% del presupuesto municipal se destine a obra pública. Hablamos de asfalto, agua, cloacas, alumbrado público. Servicios básicos que deben llegar a barrios donde hoy no hay nada después de décadas de abandono.
No es una decisión cómoda ni popular. Requiere firmeza política y convicción. Elegir este camino es optar por obras en lugar de contratos, por desarrollo en lugar de favores, por futuro en lugar de un pasado que ya demostró su fracaso.
Concordia necesita salir definitivamente del círculo vicioso del clientelismo y el gasto improductivo. Ordenar el municipio es el primer paso para devolverle la ciudad a los vecinos que la sostienen todos los días con su trabajo y sus impuestos. Esa es la discusión de fondo. Todo lo demás es ruido interesado.


