Por Federico Zorraquín
La decisión del intendente de Concordia Francisco Azcué de dar de baja más de 130 contratos administrativos marca un punto de inflexión en la historia reciente del municipio. No se trata de una medida aislada ni de un ajuste improvisado. Se trata de una definición política clara, coherente y profundamente liberal. Ordenar el Estado, terminar con los abusos heredados y volver a poner al contribuyente en el centro de la gestión.
La administración municipal informó que la medida se adoptó en el marco de un proceso de ordenamiento y eficiencia del Estado, y que alcanzó a más de 130 contratos administrativos que vencían en diciembre y que, tras un análisis técnico y administrativo, no fueron renovados debido a irregularidades detectadas en su origen.
Entre esas irregularidades se destacan la falta de funciones asignadas, contrataciones realizadas a último momento y la ausencia de necesidad operativa justificada. Un esquema típico de la vieja política, donde el Estado se usaba como refugio militante y herramienta electoral, sin importar el costo económico ni el daño institucional.
Desde el Ejecutivo municipal fueron claros al explicar el objetivo de la medida. Cuidar los recursos públicos, mejorar la eficiencia del Estado y garantizar mejores servicios para los vecinos. Una definición que sintetiza el corazón del modelo liberal que hoy empieza a tomar forma en Concordia.
El propio Azcué lo expresó sin rodeos. “Estamos cuidando los recursos, que no son del gobierno, sino de cada vecino que paga sus impuestos”. Esa frase marca una diferencia sustancial con gestiones anteriores, donde el dinero público era tratado como botín político.
El intendente explicó que al asumir se encontró con un municipio plagado de contratos firmados de manera irregular, sin respaldo administrativo y con fines claramente proselitistas. “Se mandaron un festival de contratos que incluyó más de 900 casos, entre pases a planta permanente y contratos en los últimos meses del 2023, antes de dejar la gestión. Eso no se puede sostener y lo estamos ordenando”, afirmó.
Ese dato no es menor. Revela la magnitud del desorden heredado y explica por qué el ordenamiento era inevitable. Durante años, Concordia sufrió un Estado sobredimensionado, ineficiente y capturado por la lógica del clientelismo político. Hoy, por primera vez, alguien se anima a decir basta y a actuar en consecuencia.
Azcué también detalló que el proceso de revisión responde a criterios de eficiencia y equidad. “Si en un área se necesitan cuatro personas y hay diez contratadas, quiere decir que no estamos siendo eficientes. Tenemos la obligación de serlo para poder volcar los recursos donde realmente se necesitan”, sostuvo.
Esta afirmación resume el núcleo del pensamiento liberal aplicado a la gestión pública. No se trata de achicar por achicar, sino de administrar con racionalidad, eliminar el gasto inútil y liberar recursos para invertir donde verdaderamente impacta en la calidad de vida de los vecinos.
El intendente fue aún más profundo al señalar la injusticia que implica sostener este tipo de vínculos laborales. “No es justo para los trabajadores ni para los vecinos sostener este tipo de contratos. Es injusto para quienes tienen una carrera administrativa y para quienes hacen un esfuerzo todos los meses para pagar sus impuestos”.
Aquí aparece otro principio central del liberalismo moderno. La igualdad ante la ley y el respeto por quienes cumplen reglas. Sostener contratos irregulares no solo es ineficiente, sino profundamente injusto para los empleados que hicieron carrera y para los ciudadanos que financian el Estado.
Lejos de la lógica del parche o del corto plazo, Azcué dejó en claro que la medida forma parte de una visión de futuro. “Ordenar hoy es lo que nos permite invertir mañana en obras, en mejores servicios y en empleo genuino. Ese es el camino que elegimos para que Concordia crezca y es lo que estamos haciendo y vamos a profundizar durante los próximos años”.
Desde el municipio también se aclaró un punto clave frente a la desinformación y la agitación política. No se están despidiendo trabajadores. Lo que se está haciendo es no renovar contratos administrativos que vencieron en diciembre y que fueron firmados mayoritariamente de manera irregular durante la gestión anterior, sin funciones claras y con fines proselitistas.
La aclaración no es menor. Durante años se utilizó el miedo como herramienta política. Hoy, la transparencia empieza a ocupar ese lugar. Las reglas se respetan. Los contratos se cumplen. Y cuando vencen, se terminan.
El mensaje final del intendente sintetiza el rumbo elegido. “Es nuestra obligación y el compromiso que asumimos con los concordienses ordenar el municipio porque solo siendo eficientes podemos invertir en obras, mejorar los servicios y apostar a la generación de empleo genuino. Este es el rumbo que propusimos y lo seguiremos profundizando durante nuestra gestión”.
Concordia empieza a transitar un camino que durante décadas fue postergado. El de un Estado municipal austero, eficiente y al servicio del vecino. Un Estado que deja de ser una estructura militante para volver a cumplir su función básica.
En sintonía con el cambio nacional que impulsa el presidente Javier Milei, la gestión de Francisco Azcué demuestra que el liberalismo no es un discurso abstracto, sino una forma concreta de gobernar. Ordenar, decir la verdad y terminar con los privilegios. En Concordia, ese cambio ya empezó.


