Conciencia, realidad y atención expandida

Por Mäuss

Desde hace un tiempo me vengo sumergiendo en las investigaciones de Jacobo Grinberg, y cada lectura deja la sensación de que la realidad es un territorio mucho más amplio que el que solemos aceptar. No un mapa fijo, sino una trama viva que se reordena según la calidad de nuestra percepción. En ese movimiento aparece una idea que resuena con fuerza: no sufrimos tanto por lo que sucede, sino por la forma en que interpretamos lo que sucede.

A veces pienso que crecer no es acumular vivencias, sino aprender a mirar distinto. Afinar la atención hasta que se vuelve una puerta. Existe un campo de información vivo y permeable que se expande cuando nos abrimos y se contrae cuando la mente se aferra a la rigidez del hábito. Al observar el propio recorrido, se vuelve claro que cada acto de lucidez, por pequeño que sea, modifica la textura interna desde la cual nos relacionamos con el mundo.

En ese camino aparece también la figura de Pachita, con su medicina imposible y su práctica que rozaba lo incomprensible. Nada en ella pedía creencia. Lo que pedía era presencia. Como si su obra recordara que la realidad no funciona sólo con las reglas que nos enseñaron, sino con leyes más sutiles y antiguas, que operan cuando la conciencia deja de defenderse y empieza a escuchar. Pensar en eso invita a vaciarse un poco, a desarmar la soberbia del yo ya sé y permitir que lo misterioso tenga espacio.

Hay momentos en los que uno siente que la percepción cotidiana es apenas una versión reducida de lo posible. Que detrás del ritmo acelerado, de las certezas automáticas y del pensamiento que corre sin pausa, existe un nivel más hondo y silencioso donde la experiencia se vuelve más nítida. Como si el mundo esperara a que desaceleremos para revelar su verdadera forma.

Es ahí donde estas ideas llegan con claridad. No como un dogma, sino como un arte de percibir. Una invitación a lo sutil. A permitir que lo invisible también participe. A recordar que la conciencia no sólo observa, sino que crea la forma en que caminamos. Y que en esa creación cotidiana siempre existe la posibilidad de despertar un poco más.