Por Mäuss
Compatriotas, argentinos de la Puna al Fin del Mundo. Les pedimos un instante para levantar la vista de la vorágine diaria, de la rutina que tanto nos agota, y contemplar el firmamento de la política nacional. Lo que estamos presenciando, la transformación que recorre nuestro país, no es meramente un ciclo político más; es una epopeya fundacional, la gesta del resurgimiento de una República. Durante demasiadas décadas, Argentina fue tratada con la condescendencia de un gigantesco internado, donde una autodenominada «Casta» de administradores, burócratas y parásitos decidía el destino de millones. Se erigieron en guardianes de una moral estatista, nos impusieron un pensamiento único y, día tras día, nos robaron, ladrillo a ladrillo, el futuro que la riqueza de nuestra tierra nos había prometido. Nos acostumbraron a la mentira confortable, al subsidio clientelar como anestesia social y a la inflación crónica como un mal necesario, negándonos la posibilidad de ser, finalmente, dueños de nuestro propio destino. Argentina se convirtió, dolorosamente, en el país de lo que pudo ser, un coloso dormido, paralizado por las telarañas del estatismo asfixiante y la corrupción endémica.
Pero, como en las más grandes narrativas históricas, en la hora más oscura, una luz irrumpió. Un hombre, con un puñado de valientes que jamás se rindieron, se paró frente al Dragón del Despilfarro, el mismo que nos devoraba, y lanzó un grito que resonó en el alma colectiva: «¡Viva la Libertad, Carajo!» Ese rugido no fue un mero eslogan de campaña, no fue una frase vacía; fue el eco amplificado de millones de almas hartas de la decadencia. Fue la señal inequívoca de que el Coloso ha despertado y que el pueblo ha elegido la senda del coraje.
Hoy, la Alianza La Libertad Avanza, el motor político de esta refundación, necesita de cada uno de nosotros. El Gobierno que hemos elegido está librando una Batalla de las Ideas que es tan crucial como cualquier reforma económica, actuando con la firmeza de un general en retirada que se niega a ceder un solo palmo de terreno. Enfrentan, simultáneamente, la herencia catastrófica, la resistencia atrincherada de los sectores privilegiados y el sabotaje constante de quienes perdieron el poder.
A la Juventud, los hijos del cambio que componen las «Fuerzas del Cielo»: Ustedes son los poetas, los guerreros del teclado, la generación que se niega a tenerle miedo al mañana, porque el pasado les robó demasiado. Les dijeron con desprecio que eran la «Generación de Cristal»; su tarea es demostrar que son, en realidad, la «Generación del Acero». La tarea que se ha propuesto este Gobierno es tan simple como revolucionaria: que su título universitario, su emprendimiento digital o el capital de su primer trabajo vuelvan a tener valor real, no solo en nuestro país, sino en el competitivo escenario global. La meritocracia, entendida como el respeto al esfuerzo, no es una consigna de facción; es la ley inmutable de la vida que se nos había prohibido. Apoyen esta cruzada con su pasión inagotable, con su fiscalización activa, con su voz altiva en cada rincón. Su compromiso más profundo no es con un político, sino con el futuro prometido que les pertenece por derecho. ¡Ustedes son la guardia pretoriana de una Argentina Grande!
Al Trabajador, al obrero de la fábrica y al empleado de pie: Comprendemos que el camino del saneamiento es duro. Sabemos que cada peso que falta en la economía diaria duele en lo profundo. Pero, ¿a dónde se destinaba ese dinero antes? Iba a un Estado obeso e ineficiente, a empresas públicas deficitarias, a sostener una red clientelar que pagaba militancia con su esfuerzo. La LLA está luchando con uñas y dientes para que el fruto de su esfuerzo y sacrificio no sea, jamás, un cheque en blanco para la «Casta». Estamos sentando las bases de una economía sana, donde el valor de su jornada laboral no se evapore en la hipoteca inflacionaria, sino que se transforme, de manera tangible, en ahorro, inversión y progreso genuino. Si le otorgamos la fuerza legislativa que el Gobierno necesita, el ajuste fiscal del Estado central será solo un mal recuerdo y su sueldo recuperará, por fin, su dignidad histórica.
Al Empresario, al productor de nuestro campo, al creador de empleo: Durante años, la retórica populista lo demonizó. Lo llamaron «especulador», le impusieron cepos absurdos, lo ahogaron con una presión impositiva confiscatoria. Para ellos, que vivían de su éxito, usted era el enemigo público número uno. Hoy, la visión de este proyecto es clara y terminal: el verdadero progreso y la riqueza sostenible lo genera usted, el inversor, el que arriesga capital, no el burócrata sentado en una oficina. La Alianza La Libertad Avanza defiende su derecho inalienable a la propiedad, a comerciar sin barreras y a generar riqueza sin tener que mendigar permiso. Su voto en la próxima contienda es, ni más ni menos, por la seguridad jurídica, por la desregulación estructural y por la posibilidad cierta de que Argentina se reinstale como el faro de prosperidad regional que siempre debió ser.
Al Adulto Mayor y al Votante Indeciso: Ustedes, que han transitado la vida con tantas frustraciones a cuestas, son la memoria viva de los errores que no podemos darnos el lujo de repetir. Han presenciado promesas rotas, planes económicos fracasados y la misma gente, con diferentes rostros, volviendo al poder con el mismo manual. Entendemos vuestro escepticismo, vuestro temor profundo. Pero comparen con honestidad: ¿Cuándo, en las últimas décadas, se ha visto una voluntad política tan férrea de cambiar radicalmente el rumbo? De enfrentar, sin temor, a todos los poderes fácticos al mismo tiempo. No estamos pidiendo un voto a ciegas, no es un salto de fe sin sustento; estamos pidiendo el apoyo necesario para completar la cirugía más importante, la que nos salvará definitivamente de la muerte económica terminal. El sacrificio que se afronta hoy es, ni más ni menos, la garantía de estabilidad para las generaciones venideras. Por dignidad y por futuro, no volvamos al pasado de la resignación y el endeudamiento crónico.
La Libertad Avanza es, en este momento crucial, la única garantía de que el cambio iniciado es irreversible. El desafío que tenemos por delante no se reduce a ganar una simple elección; se trata de proteger una idea madre: que Argentina puede y debe ser una potencia de la libertad, con un Estado limitado a sus funciones esenciales y ciudadanos verdaderamente libres. No podemos permitir, por cansancio o por distracción, que el establishment nos gane esta batalla de desgaste. No dejemos que la vieja política, que se disfraza hipócritamente de «oposición constructiva», recupere el timón para hundirnos de nuevo. Ellos están listos, al acecho, para desandar el camino en cuanto les demos la menor oportunidad. ¡La hora de la tibieza ha caducado! Es el momento de tomar partido con convicción inquebrantable, con el fuego sagrado del patriotismo que nos impulsa a defender nuestra soberanía más valiosa: la económica. Votar a La Libertad Avanza e instar al apoyo al Gobierno es lanzar un mensaje claro e indeleble a todo el mundo: «Estamos incondicionalmente con la Libertad y con el Coraje.» A las urnas, Argentinos. A defender el rugido que nos despertó y nos devolvió la dignidad. Que la épica continúe, porque la historia, la verdadera, siempre la escriben los valientes. Que las Fuerzas del Cielo guíen nuestros pasos y que Dios bendiga a la Patria.


