Por Federico Zorraquín
El cierre de campaña de Fuerza Entre Ríos en Villaguay dejó en evidencia la estrategia de dos figuras que buscan perpetuar un sistema político agotado: Adán Bahl y Guillermo Michel. Bajo el lema “tenemos el peronismo de pie para 2027”, ambos dirigentes no solo mostraron su ambición de mantenerse en el poder, sino también la arrogancia de quienes creen que la sociedad debe conformarse con su narrativa de salvadores inevitables. Lo que se exhibió en Villaguay no fue un acto de cercanía con la ciudadanía, sino un desfile calculado para reforzar la vigencia de un kirchnerismo que ha demostrado ser incapaz de generar progreso real.
Bahl, eterno candidato y funcionario en distintos cargos provinciales, se presenta como el líder que “pone todo” por Entre Ríos. Sin embargo, su historial habla por sí solo: décadas de promesas incumplidas, de decisiones que han contribuido al estancamiento económico y social de la provincia. La infraestructura sigue deteriorada, los servicios básicos son insuficientes y los ciudadanos pagan las consecuencias de políticas improvisadas que favorecen a la burocracia y a los intereses partidarios, no a la población.
Michel, con su tono desafiante, acusa a la oposición de ser funcional a la derecha, ignorando convenientemente su propia responsabilidad en la decadencia provincial. Sus discursos buscan polarizar para ocultar la falta de resultados concretos, y su insistencia en la unidad del peronismo no es más que un intento de consolidar un bloque político que ha demostrado repetidamente su incapacidad de gestión. La presencia de Gustavo Bordet y Juan José Bahillo en el acto no fue un gesto hacia la ciudadanía, sino una reafirmación de complicidades internas para garantizar que las mismas caras sigan perpetuándose en el poder.
El mensaje de Michel, asegurando que “el peronismo no murió y va a seguir vivo después del 27 de octubre”, es inquietante. No se trata solo de competir electoralmente: es la promesa de un ciclo interminable, donde los errores del pasado se repiten una y otra vez, mientras los ciudadanos soportan las consecuencias de la ineficacia y la corrupción sistémica. Entre Ríos ha sufrido décadas de improvisación, déficit en la educación, servicios públicos deteriorados y una economía paralizada. La insistencia del kirchnerismo en presentarse como imprescindible es, en realidad, una amenaza al progreso de la provincia.
La crisis económica no es un detalle menor. Bajo la gestión de Bordet, apoyada por Bahl y Michel, Entre Ríos ha experimentado un crecimiento estancado, con un aparato estatal sobredimensionado y costos fiscales que asfixian a ciudadanos y empresarios por igual. Las pymes locales luchan por sobrevivir mientras la burocracia política permanece intocable. La inflación, los servicios públicos deficientes y la falta de planificación estructural reflejan un patrón de gobernanza centrado en mantener estructuras de poder, no en ofrecer soluciones.
El kirchnerismo entrerriano no ofrece planes de desarrollo, solo retórica y confrontación política. Cada acto de campaña de Bahl y Michel intenta mostrar fuerza, pero es un reflejo de desesperación: saben que la ciudadanía está cada vez más harta de las promesas vacías. La constante referencia a “mantener el peronismo de pie” no es más que un recordatorio de que su prioridad es perpetuarse, no gobernar con responsabilidad.
Si se analiza la situación social, la fotografía es aún más preocupante. La inseguridad sigue aumentando, la educación no logra responder a las necesidades del siglo XXI, y los servicios de salud enfrentan déficits estructurales que ponen en riesgo la vida de los entrerrianos. A pesar de esto, Bahl y Michel hablan de unidad y fortaleza, como si el problema de la provincia fuera simplemente la oposición, y no décadas de políticas que han fallado una y otra vez.
El contraste con las propuestas liberales es evidente. Mientras el kirchnerismo apuesta a la perpetuación de un modelo que ha demostrado ineficacia, la gestión liberal propone transparencia, eficiencia y resultados concretos. La diferencia no es menor: se trata de decidir si Entre Ríos seguirá atrapada en un ciclo de promesas incumplidas o si finalmente podrá aspirar a un gobierno que sirva al ciudadano y no al aparato político.
La insistencia de Bahl y Michel en presentarse como indispensables refleja un problema estructural del kirchnerismo: la incapacidad de renovar liderazgo, de asumir responsabilidades y de diseñar políticas públicas orientadas al progreso real. Su estrategia de polarización busca desviar la atención de sus fracasos y presentarse como única alternativa viable. La verdad es que la provincia ha sufrido demasiado tiempo bajo esta lógica: ciudadanos cansados, infraestructura deteriorada y oportunidades desperdiciadas.
Es urgente que los entrerrianos comprendan que la elección del 26 de octubre no es un simple acto electoral. Se trata de decidir entre continuar con un ciclo de promesas vacías y errores repetidos o abrir la puerta a un cambio profundo. Entre Ríos necesita líderes que entiendan que gobernar implica resultados, no discursos; que las políticas públicas deben priorizar el bienestar ciudadano y no la supervivencia de un partido.
Bahl y Michel simbolizan el pasado que la provincia debe superar. Sus décadas en la política muestran que la experiencia no necesariamente se traduce en eficacia; por el contrario, en este caso, solo ha servido para consolidar estructuras de poder que perpetúan la mediocridad. La ciudadanía merece un proyecto político orientado al futuro, donde la transparencia, la responsabilidad y la eficiencia sean los pilares, y no la perpetuación del poder de un grupo que ha fallado sistemáticamente.
En conclusión, Adán Bahl y Guillermo Michel no representan el progreso ni el bienestar de Entre Ríos. Representan la continuidad de un sistema agotado, incapaz de generar resultados concretos y obsesionado con mantenerse en el poder. La alternativa está clara: o los entrerrianos siguen atrapados en un ciclo de fracasos, o optan por una gestión que priorice la eficiencia, el desarrollo y la libertad individual. La elección del 26 de octubre es más que una elección: es una oportunidad histórica para romper con décadas de ineficacia y abrir paso a un futuro en el que Entre Ríos pueda realmente prosperar.


