Por Magdalena Reta de Urquiza
Es una pregunta que, de una forma u otra, vengo recibiendo como dirigente del PRO desde el ballotage de 2023, cuando por razones obvias apoyamos al presidente Milei y le aportamos los votos para su presidencia. No fue un acuerdo de conveniencias: fue apoyar a alguien que defendía las mismas banderas que nosotros, la protección de la propiedad privada, la defensa de la actividad privada, el libre comercio, entre otras.
Como dije, no fue un acuerdo por conveniencias, fue un apoyo pensando en lo que era mejor para el país y no para el partido. El partido no pidió nada a cambio; por el contrario, apoyó en la gobernabilidad y en el logro de la sanción de leyes importantes, como la Ley de Bases, por ejemplo. Reitero: fue un apoyo desinteresado, aportando dirigentes capacitados donde el presidente lo requiriera. No se exigieron cargos ni se negoció nada a cambio.
Luego vino este período electoral que estamos viviendo desde principio de año, donde el presidente del partido, Mauricio Macri, apoyó a los candidatos de la Ciudad de Buenos Aires. Tuvo la grandeza y la humildad de salir a caminar la calle con los resultados de las encuestas en la mano, sabiendo que los números no lo acompañaban, mientras recibía insultos de nuestros socios políticos, quienes decían que éramos un Nokia 1100. Ante el resultado adverso, aunque previsible, el periodismo lo calificó como “el gran perdedor”. Si esa es la definición de perdedor, necesitamos muchos más perdedores para sacar la Argentina adelante.
Hoy, en la elección nacional que se llevará a cabo el 26 de octubre, el PRO sigue acompañando desinteresadamente, aportando dirigentes a la gestión. En varios encuentros partidarios hemos trabajado el tema “¿qué nos define?”, y siempre llegamos a la misma conclusión: a los dirigentes del PRO los define el HACER, las ganas de sacar la Argentina adelante, de que nuestra gente viva mejor, de que nuestros hijos o nietos no tengan que emigrar. Y para “hacer” nos preparamos: el partido cuenta con una Escuela de Dirigentes y con la Fundación Pensar, que estudia cada una de las problemáticas a afrontar.
Como contrapartida a esta postura totalmente colaborativa, proliferan hoy otras que yo denominaría “extractivas”. Quiero explicar a qué me refiero: existen personas que están pensando en cómo lograr más cargos o lugares en las listas. Son quienes muchas veces crean sellos o partidos vecinales para poder negociar espacios. Afilian gente bajo consignas engañosas, y esas personas, sin saberlo, terminan ayudando a estos “políticos” a jugar al tetris con la voluntad de los ciudadanos para obtener mayores beneficios de los diferentes estamentos del Estado. ¿Quizás para sus familiares?
Es un reclamo de nuestros adherentes que hemos perdido poder. Por el contrario, creo que lo tenemos intacto: en las ganas y la preparación de nuestros dirigentes, en sus valores y también, por qué no decirlo, en la gran cantidad de personas que aportan, siguiendo el ejemplo de nuestro presidente Mauricio Macri, desinteresadamente y dejando en segundo lugar las banderas partidarias, día a día, para lograr la Argentina que soñamos.


