Por Mäuss

La incoherencia de la izquierda argentina vuelve a quedar en evidencia. Myriam Bregman, diputada comunista que se opuso a la ley de Prisión Efectiva para Violadores, ahora se da el lujo de cuestionar al presidente Javier Milei por el asesinato de las jóvenes en La Matanza. El cinismo es absoluto: quienes se negaron a endurecer las penas contra los abusadores hoy señalan con el dedo al único gobierno que puso sobre la mesa la necesidad de terminar con la impunidad.

Pero Bregman no está sola en su silencio selectivo. El feminismo militante, siempre rápido para armar marchas contra el “patriarcado” abstracto, se queda callado cuando el horror ocurre en territorios gobernados por el peronismo. Las organizaciones que dicen defender a las mujeres no levantan la voz porque saben que estas tragedias son consecuencia directa del modelo kirchnerista: garantismo, delincuentes libres, jueces amigos, inseguridad estructural.

El colectivo de actrices, que se pinta de progresismo en cada conferencia, también brilla por su ausencia. Cuando Cristina Kirchner las necesitaba, eran el coro perfecto para victimizarse y militar causas partidarias. Hoy, frente a un crimen atroz en La Matanza, eligen callar. Su silencio es funcional al kirchnerismo y a un sistema que privilegia a los victimarios antes que a las víctimas.

Mientras tanto, Kicillof gobierna la provincia como si nada pasara, Cristina sueña con volver, y Bregman grita en redes sociales contra Milei, pero jamás contra los responsables de décadas de decadencia y descontrol. Esa es la matriz del peronismo: disfrazar de justicia social lo que en realidad es abandono, corrupción e impunidad.

El contraste es brutal. Con Milei, el mensaje es claro: orden, autoridad y justicia. “El que las hace, las paga”. Con el kirchnerismo, el mensaje también es claro: si sos delincuente, tenés premio; si sos víctima, te dejamos sola. Por eso la Argentina hoy tiene una disyuntiva: avanzar con la libertad y la mano dura que propone este gobierno, o retroceder al pantano de hipocresía y complicidad que encarnan Bregman, el peronismo, las feministas militantes y el colectivo de actrices.