Por Mäuss
La política argentina acaba de recibir un espaldarazo histórico. Donald Trump, referente indiscutido del movimiento liberal-conservador a nivel global, elogió públicamente a Javier Milei y hasta respaldó su reelección. No es un detalle menor: es el reconocimiento de que el cambio de paradigma que vive nuestro país ya no es una anécdota interna, sino un faro internacional.
Por primera vez, un presidente argentino rompe con la recurrencia electoral de la demagogia y el estatismo. Milei no repite la fórmula de siempre, esa que prometía estabilidad y terminaba en inflación, cepos, impuestos y pobreza. La apuesta ahora es clara: más libertad, menos Estado, más producción, menos privilegios políticos. Y esa convicción encuentra eco en el líder que encarnó en los Estados Unidos una pelea similar contra el pantano burocrático y el progresismo decadente.
Mientras el kirchnerismo llora por las redes y la vieja política se aferra a sus prebendas, el gobierno nacional suma legitimidad internacional. Porque Trump no solo aplaude, sino que advierte al mundo que Argentina eligió salir del pozo con libertad, no con controles. Que esta vez no se apela al parche, al truco contable ni al relato, sino a un cambio real que devuelve a los ciudadanos el protagonismo de su destino.
El contraste no puede ser más evidente. Con los gobiernos anteriores, cada crisis del dólar terminaba en un cepo que destruía la confianza, en impuestos que liquidaban al campo y en un Estado cada vez más gordo y corrupto. Con Milei, por primera vez se enfrenta el problema con más libertad. Se bajan retenciones, se eliminan trabas, se abren mercados. Y eso no es ideología vacía: es lo que genera dólares genuinos, inversión, empleo y crecimiento.
Los enemigos del cambio dirán que Trump es “controversial”, que Milei es “un experimento peligroso”. Pero lo cierto es que los que critican son los mismos que nos hundieron durante veinte años. Los mismos que hipotecaron el futuro de generaciones enteras para sostener un sistema podrido. Hoy, ante sus narices, surge un proyecto que rompe cadenas, que recupera soberanía y que devuelve dignidad a la gente. Y por eso tiemblan.
El respaldo de Trump es más que un gesto diplomático. Es la confirmación de que Milei está en la senda correcta y que la Argentina puede volver a ser un actor central en el tablero global si se mantiene firme en este rumbo. No hay espacio para dudas: la libertad avanza o la Argentina retrocede.


