Por Mäuss

La Argentina está viviendo un punto de quiebre histórico. Durante décadas, el país fue esclavo de la política electoralista, del populismo barato y de un Estado que se dedicó a manipular la economía según la conveniencia de turno. Cada crisis del dólar se enfrentaba siempre con la misma receta: más controles, más impuestos, más retenciones, más trabas, más intervención. Y así nos fue: inflación galopante, fuga de capitales, pobreza creciente y una sociedad cada vez más asfixiada. Hoy, con Javier Milei, por primera vez se plantea una salida distinta: más libertad, no más cepos.

El cambio de paradigma es contundente. El gobierno deja atrás la recurrencia electoral como motor de las decisiones y apuesta a un liberalismo real, no declamado. La medida de eliminar las retenciones a los granos hasta el 31 de octubre es una prueba irrefutable. Donde antes se castigaba al productor, ahora se lo libera; donde antes se exprimía al campo para llenar la caja política, hoy se le da oxígeno para producir más y traer divisas genuinas. No es un gesto aislado, es el inicio de un cambio estructural: el Estado deja de ser el verdugo de quienes generan riqueza y empieza a correrse para que la economía respire.

Este rumbo no es un simple ajuste técnico, es una revolución cultural. Por primera vez se ataca el problema del dólar desde la raíz: confiando en la producción, en la inversión y en la libertad de los argentinos. Ya no se trata de maquillar estadísticas ni de repartir subsidios ficticios. Se trata de dar señales claras y firmes de que en la Argentina se acabaron los parches. La única salida es abrir la economía, terminar con el saqueo disfrazado de impuestos y devolverle la confianza al sector privado.

Por supuesto, no faltan los de siempre: los defensores del fracaso, los que añoran el cepo, los que viven de la inflación, los que se enriquecieron con privilegios y prebendas. Son los mismos que se resisten al cambio porque saben que en una Argentina libre pierden poder. Ellos representan el pasado, la decadencia, la miseria institucional. Milei representa el futuro, la única opción real de progreso.

Queda claro que la disyuntiva es tajante: o la libertad avanza, o la Argentina retrocede. No hay punto intermedio. Si el país vuelve atrás, regresarán las restricciones, el dólar paralelo, la doble economía, la inflación sin control y el intervencionismo asfixiante. Si, en cambio, se consolida este rumbo, habrá inversión, habrá empleo genuino, habrá dólares en el mercado y habrá futuro para millones de argentinos que hoy viven postergados.

Estamos ante un antes y un después. El gobierno decidió romper la trampa del populismo y enfrentar el dólar con más libertad. La oportunidad es única, histórica. Lo que se juega no es una medida económica más, sino el destino mismo de la Nación. La hora de elegir llegó: seguir encadenados a la mentira del intervencionismo, o apostar de una vez por todas a la verdad de la libertad.