Por Mäuss

La Argentina vive, otra vez, un momento que marcará páginas en su historia. Lo que parecía un oasis de promesas liberales se convierte hoy en un vendaval que sacude la vieja estructura del Estado prolífico y controlador. Javier Milei, lejos de medias tintas, redobla la apuesta: el gobierno nacional suspendió las retenciones a la carne avícola y bovina hasta el 31 de octubre de 2025, extendiendo su plan de desgravación para todo ese sector tan golpeado por impuestos confiscatorios.

Si algo define este momento, es que por primera vez se sale del problema del dólar con más libertad y no con más trabas. Antes, cada vez que el dólar desbordaba, el Estado respondía con retenciones, cepos, controles, castigos al que produce, y recompensas al que espera del subsidio electoral. Hoy la música cambia: se deja de castigar al productor de carne, se le quita la soga tributaria, se le da espacio para respirar, para exportar, para liquidar divisas. Esa libertad, tan resistida por quienes viven del intervencionismo, empieza a abrir vías reales de salida de la crisis cambiaria.

El anuncio fue hecho por el vocero presidencial Manuel Adorni, quien lo definió con precisión: “este es el único gobierno que, ante las adversidades, responde bajando impuestos”. Esa frase no es discurso, es línea de acción clara. Esta medida no se añade como un parche, sino como otra etapa del modelo liberal que Milei viene implementando: granos primero, ahora carnes. Todo apunta a algo estructural, no coyuntural.

La reacción no se hizo esperar: el sector agroindustrial celebra, los mercados muestran señales de alivio, y hasta los analistas que dudaban destacan que esto ayuda a la competitividad, la liquidez, la llegada de dólares auténticos. Daniel Urcía, presidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales, calificó la medida como positiva, al señalar que pone al productor en igualdad de condiciones con los granos, que ya disfrutaban de desgravaciones.

El costo fiscal estimado es alto, se habla de miles de millones de dólares, pero esa preocupación económica sólo tiene sentido si se entiende que lo que se juega es la confianza de productores, exportadores, inversores. La pregunta clave es si Argentina quiere seguir siendo el país de la inflación crónica, del dólar controlado, de los subsidios electorales o si quiere ser el país de la libertad, de la producción, del valor agregado, de la exportación fuerte. Milei apuesta por lo segundo con decisión.

Este gobierno ya no está administrando la decadencia: la está confrontando. Ya no ofrece promesas de “volver a” lo viejo, sino alternativas de “dejar atrás” lo fracasado. Ya no hay elección entre lo malo y lo menos malo, sino entre el modelo de libertad y el modelo de servidumbre estatal. Hoy se selló otra línea divisoria: suspender retenciones a la carne avícola y bovina no es gesto menor, es declaración de principios.

Argentina tiene una opción histórica delante: consolidar este camino liberal, liberar definitivamente al agro, al campo, al exportador, al productor y al ciudadano de los impuestos que lo persiguen, o dar un paso atrás y permitir que los que vivían del intervencionismo vuelvan a ponerle cadenas al dólar, al mercado, a la libertad. Por primera vez, no se sale del problema del dólar con más controles. Porque la libertad se impone, o el país retrocede.