Por Federico Zorraquín
En Concordia ya no hay lugar para las sombras del pasado. La gestión de Francisco Azcué acaba de dar un paso histórico: denunció formalmente a Enrique Cresto ante la Justicia tras presentar los resultados de una auditoría técnica que hoy está al alcance de cualquier vecino en el Portal de Datos Abiertos de la Municipalidad. Transparencia real, con nombre y apellido.
La investigación apunta a presuntas irregularidades que pintan de cuerpo entero lo que fue el “modelo Cresto”: inversiones financieras dudosas, deuda pública desmadrada, contrataciones con olor a favoritismo, un ejército de empleados sin justificación y gastos que no cierran por ningún lado.
Mientras algunos todavía se resisten a soltar el verso del “progresismo popular”, la realidad habla sola: el descalabro económico y social que azota a Concordia es la factura directa de una gestión populista que priorizó el oportunismo electoral antes que el futuro de la ciudad.
Azcué no vino a maquillar números ni a esconder basura debajo de la alfombra. Vino a poner orden, a cumplir con lo prometido: transparencia, rendición de cuentas y respeto por los vecinos que piden saber en qué se gastó su dinero.
Cresto, en cambio, representa lo de siempre: el mismo peronismo que endeuda, acomoda y gasta sin control para sostener su aparato político. Y ahora, cuando los números están sobre la mesa y el expediente en la Justicia, ya no alcanza con discursos vacíos ni con fotos sonrientes para tapar el desastre.
Por primera vez en mucho tiempo, los concordienses sienten que no se les miente en la cara. Que un intendente no trabaja para la rosca, sino para la ciudad. Que el poder no es un botín de campaña, sino una responsabilidad frente a cada vecino que paga sus impuestos.
Azcué marca un antes y un después. Concordia empieza a dejar atrás la era del derroche y la impunidad para abrir camino al orden, la transparencia y la verdad. Y Cresto, guste o no, tendrá que responder ante la Justicia y ante la historia.


