Por Mäuss

La concejal libertaria de Concordia, Yáiza Pessolani Bechet, volvió a encender el debate en el Honorable Concejo Deliberante y en las redes sociales. Esta vez, para dejar al descubierto las maniobras de las llamadas “universidades kirchneristas”, esos templos del relato donde los rectores cobran sueldos millonarios mientras los estudiantes se caen a pedazos en aulas sin calefacción, baños destruidos y profesores que hacen malabares para sobrevivir.

La oposición local intentó ridiculizarla mostrando un recibo de sueldo que, según ellos, la dejaba como “mentirosa y poco seria”. Pero Pessolani fue categórica: los que mienten son ellos. En un video contundente, la concejal explicó que aquel documento no prueba en absoluto lo que sus detractores intentaron instalar. “El cargo que figura es el de profesor titular exclusiva, que es un cargo de base docente, no un cargo de autoridad. En ninguna parte aparece que sea de vicerrector. Y los adicionales son irrisorios: nadie puede creer que un vicerrector gane 25.000 pesos extra. Eso es un chiste de mal gusto”, señaló.

Pessolani recordó además el dato que mata cualquier relato: 45 de los 65 rectores del país cobran hoy entre 10 y 18 millones de pesos mensuales. Mientras tanto, los mismos que se indignan cuando alguien habla de privilegios, se esconden detrás de papeles mal explicados y chicanas baratas.

El problema de fondo es mucho más grande: el sistema universitario fue convertido por el kirchnerismo en una casta cerrada, con estructuras de poder burocráticas, salarios de élite para los rectores y un blindaje político que utiliza la educación como herramienta de militancia. Se habla de inclusión, pero se construyeron universidades con más cargos administrativos que alumnos graduados. Se llenaron los pasillos de carteles partidarios y se disfrazó de “democracia universitaria” lo que no es más que un negocio corporativo.

La concejal libertaria lo dijo sin rodeos: “No permitas que te sigan mintiendo”. Y ese es el mensaje que resuena. Porque si algo quedó claro es que el relato K empieza a hacer agua cuando se enciende la luz sobre los números. Ya no alcanza con agitar recibos ni con gritar “defendamos la universidad pública”: lo que hay que defender es la verdad y la transparencia.

Con su intervención, Pessolani Bechet no solo defendió su palabra. También dejó en evidencia el doble discurso de una oposición que se quedó sin argumentos y de unas universidades cooptadas por la política partidaria. Una vez más, el progresismo K quedó en ridículo.