Por Federico Zorraquín
El reciente conflicto entre la Municipalidad de Concordia y las empresas Ahora Voy SRL y Partarrié Distribuciones SAS volvió a poner en discusión la transparencia de las contrataciones públicas. Mientras algunos medios intentan instalar la idea de que los proveedores fueron “estafados”, desde la gestión de Francisco Azcué y la voz clara del concejal de Juntos por Entre Ríos, Felipe Sastre, quedó al descubierto lo esencial: los verdaderos perjudicados son los chicos que se quedaron sin su plato de comida por culpa de maniobras empresariales poco claras.
Sastre lo expresó sin vueltas en su cuenta de X: “Los que se sienten estafados son los chicos que dejaron sin el plato de comida estos sinvergüenzas. Lo demás será resuelto por la Municipalidad, de acuerdo a los tiempos de la Administración. Ustedes no tienen coronita señores”.
La frase del concejal resume con crudeza la situación. No se trata de un problema administrativo menor, sino de una práctica que se repite: proveedores que operan con contactos políticos y zonas grises en las licitaciones, adelantando mercadería sin respaldo y luego buscando victimizarse cuando la Justicia o la administración empiezan a ponerles límites.
La gestión de Azcué actuó con firmeza. Las empresas fueron excluidas del listado de proveedores porque su nombre aparece ligado a la causa de los comedores escolares, un escándalo provincial que mostró cómo se jugaba con la comida de los chicos más vulnerables. Aunque los dueños de estas firmas intenten presentarse como “cumplidores”, el solo hecho de estar bajo sospecha es razón suficiente para que el Estado municipal priorice la transparencia por sobre los intereses privados.
Mientras los Partarrié y compañía arman recursos administrativos y comunicados para defender sus millones, en los barrios lo que importa es que los comedores funcionen y que los alimentos lleguen sin corrupción ni privilegios. El intendente y su equipo lo entendieron desde el primer día: limpiar la relación con los proveedores cuestionados es un paso necesario para recuperar la confianza de los vecinos.
El Concejo Deliberante acompañó esta decisión, cerrando el camino de quienes buscaban volver al negocio de siempre. Y ahí radica la diferencia: por primera vez en años, la política local se puso del lado de la gente y no de los proveedores acomodados.
Los empresarios podrán seguir intentando instalar que fueron estafados. Pero la realidad es otra. Los verdaderos estafados fueron los chicos que se quedaron sin su comida mientras algunos hacían negocios millonarios con la necesidad.
En Concordia se empieza a escribir una nueva etapa: la de un municipio que, bajo la conducción de Francisco Azcué, se anima a enfrentar a los viejos privilegios y a marcar que los intereses de los vecinos están por encima de los intereses corporativos. Y en ese camino, la voz firme de Felipe Sastre no hace más que poner en palabras lo que gran parte de la sociedad piensa: basta de sinvergüenzas que se disfrazan de víctimas.


