Por Federico Zorraquín

Lo que quisieron vender como “la fuerza de la militancia” fue, en realidad, un velorio sin cura y con poco café. En Paraná se montó el show de siempre: adelante, Romero y Bahl recitando obituarios disfrazados de discursos; atrás, los militantes zombies de siempre, arrastrando banderas como mortajas, sin alma y sin fe.

La foto es peor que mil discursos: el peronismo oficialista está embalsamado, con maquillaje de cotillón y olor a cadáver político. Romero sonríe como sepulturera cansada, Bahl juega al cura de barrio sin parroquia, y los concejales aplauden como viudas interesadas que esperan cobrar la herencia.

Guillermo Michel, fiel a su estilo, es el enterrador de planilla Excel. No conecta con nadie, no mira a los ojos, solo calcula cómo blanquear los millones que se evaporan entre YouTube y los bolsillos de José Cáceres. No es un dirigente, es un contador de muertos, un forense de la decadencia.

La gestión de Romero ya no existe: es un réquiem desafinado, un cortejo fúnebre que avanza sin rumbo. Los barrios están hundidos en la desidia, pero ellos insisten en maquillar al muerto con relatos huecos. El acto militante fue la prueba: menos política que un cajón vacío.

Y así, como toda buena necrológica, llega la lista de los caídos:

Sergio Urribarri: ex faraón devenido en fantasma de Comodoro Py.

José Cáceres: cobrador oficial de sobres, enterrador suplente.

Adán Bahl: el eterno heredero que nunca hereda nada, sepultado en vida.

Guillermo Michel: zombie de escritorio, calculadora con patas.

Gustavo Bordet: prócer del bostezo, recordado por su capacidad de no estar nunca.

Rosario Romero: intendente que soñó con liderar y terminó como acomodadora de funerales políticos.

Enrique Cresto: enterrado por sus propios fracasos, fantasma de Concordia que ni en su pago chico logró despertar amor.

Edgardo Kueider: sepulturero sin pala, cadáver ambulante que todavía busca un padrino para que lo llore.

Todos juntos forman la procesión del fracaso: un club de viudas políticas que velan a un peronismo que ya no respira.

Murieron los zurdos, murió la mística, murió el relato. El PJ es un cadáver político que ya nadie quiere reconocer en la morgue. Solo lo sostiene el catering gratuito y las fotos borrosas que nadie comparte.

Mientras tanto, afuera, la Argentina real eligió otra misa: la de Javier Milei. Sin urnas amañadas, sin catering, sin muertos vivientes. La Libertad Avanza es la única procesión que va hacia adelante, con la motosierra como cruz y la esperanza como bandera.


AVISO FÚNEBRE

La Militancia Peronista Entrerriana, sus restos y deudos, participan con profundo dolor el fallecimiento de su proyecto político, acaecido en acto público en Paraná.

Sepelio: sin fecha, porque no hay quien ponga la cara.
Velatorio: en cada acto vacío.
Flores: se ruega enviarlas violetas, a nombre de Javier Milei.

Q.E.P.D.
(Pero sin descansar en paz).