En un discurso en la Bolsa de Comercio de Rosario, el presidente Javier Milei señaló que numerosos inversores internacionales y locales están postergando sus decisiones de inversión hasta después de las elecciones clave de septiembre y octubre. El mandatario advirtió que, en contextos de incertidumbre política, la tasa de interés tiende a dispararse, y responsabilizó a la amenaza de un posible regreso del kirchnerismo, al que bautizó como “riesgo kuka”.
El freno en la llegada de capitales refleja un dilema recurrente en la Argentina; el país cuenta con recursos naturales, talento humano y sectores estratégicos con gran potencial de desarrollo, pero la inestabilidad política y el temor a un giro hacia modelos estatistas generan cautela en los mercados. La consecuencia inmediata es un encarecimiento del crédito, una ralentización de proyectos productivos y la persistencia de una economía expectante. Esta situación no es nueva. Durante años, los jóvenes argentinos vieron frustrados sus sueños dentro del país y debieron emigrar para poder prosperar. Ese éxodo forzado se tradujo en familias desmembradas, padres despidiendo hijos en aeropuertos con lágrimas en los ojos y una sociedad atravesada por la tristeza y el miedo constante de no poder salir adelante en su propia tierra. Esa herida aún late, y explica por qué tantos argentinos asocian la inestabilidad política con la pérdida de futuro.
El escenario actual deja como enseñanza que la inversión no depende solo de la voluntad de los mercados, sino de la previsibilidad política e institucional que el país sea capaz de ofrecer. Para que la Argentina pueda salir del círculo vicioso de crisis e incertidumbre, resulta imprescindible garantizar reglas claras, disciplina fiscal y estabilidad jurídica, más allá de los vaivenes electorales. El gobierno de Milei ha avanzado en esa dirección con medidas de orden macroeconómico, pero todavía enfrenta resistencias políticas y sindicales que generan dudas sobre la continuidad del rumbo. La crítica que se impone es que, en lugar de profundizar la polarización, se necesita reforzar la confianza y consolidar un marco estable que invite al capital privado a apostar por el país.
Si La Libertad Avanza logra imponerse en las próximas elecciones, la señal hacia los mercados será de continuidad en el programa de reformas, lo que podría desatar un ciclo de inversiones largamente esperado. La estabilidad monetaria y la apertura a los negocios privados sentarían las bases para un crecimiento sostenido, con más empleo, innovación y competitividad. En otras palabras, la Argentina tiene ante sí una oportunidad histórica de elegir entre seguir atada a la desconfianza o apostar a la libertad económica como motor de prosperidad.


