Por Mäuss
Un estreno sin subsidios que arrasó en taquilla y desnudó la hipocresía progresista. Una comedia que, con humor ácido, se transformó en declaración de principios: el arte no necesita tutores, necesita público.
El film no es solo entretenimiento; es un grito de libertad en un país que durante décadas vivió sometido al dogma del subsidio y la corrección política. Con la maestría de siempre, su protagonista decidió correrse del guion oficialista para mostrar lo que somos sin maquillajes: un país de contradicciones, de genialidades y miserias, de risas incómodas y verdades inoportunas.
Mientras gran parte de la industria mendiga fondos estatales para sostener producciones que nadie ve, esta propuesta demostró que la creatividad y el talento no necesitan del bolsillo del contribuyente. Con más de 320.000 espectadores en apenas tres días, arrasó en las salas y dejó expuesta la farsa del “cine nacional” sostenido artificialmente.
El dato es irrefutable: 6 de cada 10 personas que fueron al cine eligieron esta película. Es el mercado, no el Estado, el que valida el arte auténtico.
La obra incomoda porque pone frente al espejo a quienes se llenan la boca con discursos de moral y justicia social mientras usufructúan privilegios. Los progres caviar, dueños del doble discurso, encontraron aquí un golpe directo a su relato.
“La justicia social es un robo, es injusta y criminal. Esta película es un espejo que desnuda la agenda hipócrita de los progres caviar”, resumió con precisión quirúrgica el Presidente.
Los ataques de ciertos sectores “woke” no hacen más que confirmar lo evidente: la sátira toca fibras que el progresismo preferiría mantener ocultas.
El mandatario celebró el film no solo como espectador, sino como parte de la batalla cultural. Lo dijo sin medias tintas: “El arte debe ser libre, no esclavo del Estado”. Y encontró aquí el ejemplo perfecto para mostrar que la creatividad florece cuando se derriban las cadenas del intervencionismo.
Sin proponérselo, el actor terminó aliado de una cruzada mayor: la de un país que empieza a vivir sin tutelas ni subsidios, con la libertad como motor.
La historia recordará este estreno no solo como una comedia brillante, sino como un hito cultural. Nos devolvió un cine popular, irreverente y exitoso. Y dejó una enseñanza: el futuro del arte argentino no está en la dependencia, sino en la libertad.


