Por Mäuss

En silencio, sin escándalos mediáticos pero con la firmeza que lo caracteriza, el intendente de Concordia, Francisco Azcué, dio otro paso clave en la reconstrucción de la ciudad: terminó de pagar una deuda de $613.292.107 con la Cooperativa Eléctrica, generada entre marzo y octubre de 2023 por la administración anterior.

Más de 600 millones de pesos que podrían haber asfaltado calles, iluminado barrios o mejorado los servicios, terminaron drenados por la desidia y la irresponsabilidad de quienes gobernaron antes. El dato es demoledor: mientras se llenaban la boca hablando de “inclusión” y “justicia social”, dejaban la caja vacía y la ciudad hipotecada.

Azcué, en cambio, está cumpliendo lo que prometió: ordenar las cuentas y administrar cada peso como si fuera propio. “No somos lo mismo”, subrayó, dejando en claro que la política no tiene por qué ser sinónimo de despilfarro ni de clientelismo.

En esta línea, su accionar se alinea con la visión nacional que impulsa el presidente Javier Milei, quien insiste en que “no se puede gastar más de lo que ingresa” y que primero se paga la deuda para recuperar la credibilidad. Azcué lo está demostrando a escala local, con resultados concretos.

En un país donde muchos intendentes siguen culpando a “la herencia recibida” para no hacer nada, Concordia empieza a escribir una historia distinta: la de un municipio que paga, que ordena y que proyecta un futuro sin las cadenas del pasado.

Con esta gestión, el mensaje es claro: el dinero de los vecinos debe volver a los vecinos en obras, infraestructura y crecimiento, no en bolsillos amigos ni en campañas electorales encubiertas.

Azcué lo entendió. Concordia lo empieza a sentir. Y la política debería tomar nota.