Por Federico Zorraquín
En Entre Ríos, la interna radical dejó un resultado contundente: ganó el sector violeta que quiere alianza con Frigerio y La Libertad Avanza. Perdieron los que todavía sueñan con el espíritu de Sergio Montiel… y ahora miran indignados cómo pintan la sede del partido de violeta, le cambian el cartel por uno de LLA y tiran su retrato al contenedor de la entrada.
El 70% de los votos fueron para la lista de Benedetti y Schneider. El otro 30%, para los seguidores de Montiel, que se oponen a Milei como si fuera la reencarnación de Videla, pero nunca se les movió un pelo cuando el radicalismo compartía el mate con Cristina, Néstor, Massa y Alberto.
La resistencia montielista hoy es casi una ONG: viven de los recuerdos, reparten folletos sobre “la dignidad radical” y siguen hablando de la República como si todavía usáramos disquetes. Son los únicos que no quieren este acuerdo, no porque tengan un plan mejor, sino porque cualquier cosa que huela a liberalismo les da urticaria.
Mientras tanto, el resto del partido ya entendió que para ganarle al PJ no alcanza con citas de Alfonsín y talleres de formación cívica. Hay que sumar músculo y votos, aunque vengan con acento porteño y peinado mohicano. El violeta es el nuevo color de moda en la UCR entrerriana, y quien no lo entienda se va a quedar fuera de la foto… o dentro del tacho, como el cuadro de Montiel.
Con el cierre de listas del 17 de agosto en el horizonte, se vienen días de rosca a full. Benedetti quiere colarse en el Senado antes de jubilarse, Schneider busca lanzarse a la gobernación, y los montielistas seguirán atrincherados en el pasado, practicando su deporte favorito: oponerse a todo lo que huela a futuro.
Conclusión: en la UCR de Entre Ríos, la historia la escriben los que se pintan de violeta… y los que se niegan, bueno, que sigan pintando carteles con la cara de Montiel para sus asados con poca gente.


