Por Silvina Verónica Ovelar

Es un hecho lamentable y vergonzoso que Concordia haya sido catalogada como la ciudad más pobre del país. Esta situación es el resultado directo y devastador de la corrupción sistémica que ha permeado nuestras instituciones y ha sido tolerada durante demasiado tiempo. La corrupción ha actuado como una enfermedad letal, que ha consumido los recursos destinados a mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos, desviándolos hacia los bolsillos de unos pocos que se han enriquecido a costa del sufrimiento de la mayoría.

La corrupción ha permitido que se malversen fondos, se falseen datos para ocultar la realidad, y se prioritice el beneficio personal sobre el bienestar colectivo. Esto ha llevado a la desatención de los servicios básicos, la falta de inversión en infraestructura, y la marginación de los más necesitados. El resultado es una ciudad donde la pobreza extrema se ha convertido en la norma, afectando a miles de familias que luchan diariamente para sobrevivir.

Es imperativo que reconozcamos esta verdad dolorosa y que nos unamos para lograr estos cambios profundos. La lucha contra la corrupción debe ser una prioridad absoluta para todos los que queremos ver a Concordia recuperar su dignidad y construir un futuro próspero para todas sus habitantes. Solo mediante la transparencia, la rendición de cuentas y la implementación de políticas justas y equitativas, podremos superar esta crisis y transformar nuestra ciudad en un lugar donde todos tengan la oportunidad de vivir con esperanza y dignidad.